Se paran en un pedestal que no les corresponde, gigantes de piedra, cemento. Todo llega. Un grito en la noche, y esos pasos que trastabillan entre el cordón y la vereda, cansados; terminan cayendo, siempre. Poco a poco, la capa gris los envuelve, y estos bloques gigantes de cemento, lentamente se convierten en finos tejidos de abuela; conjuntos de una naturaleza poco eficaz.
La noche crece a modo de arbusto, elegante, discreta, plagada de penas y destrucción de forma agudizada; expectante ante un nuevo día, que al terminar, estará lista para cazar otra vez. Les encanta sentirse cazadoras, ¿no? Que mala suerte para ustedes... no es temporada de caza.
1 comentario:
muy bueno meli. sabes como escribis!!
me encanta
besos
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