viernes, 21 de enero de 2011

Sin sorpresas

- Acá a la vuelta - le dije al tachero, justo antes de que me mirara con aires de ira porque tenía que dar la vuelta manzana. Estacionamos en una nube bien blanca, que parecía inestable, pero bajé con tanta seguridad que no se esfumó. Estaba fresco y se me empaparon las zapatillas por la humedad del suelo. Después de cinco pasos los pies comenzaron a pesarme, sentía que me hundía un poquito más a cada segundo; entonces, me eché a correr. Si hubiese tenido más cuidado, los señores del aire no se habrían dado cuenta de que yo estaba ahí, pero fue demasiado tarde para pensar. Cuando los descubrí señalándome, tuve un sentimiento horrible. Recuerdo que lloraba, gritaba y sacudía para sacarme el agua que seguía impregnándose en mi piel, haciéndome cada vez más pesada y hundiéndome más en esa masa de aire esponjoso. Aun así, seguí corriendo, perseguida y asustada. Mis manos buscaban incansables cosas con las que sostenerse, porque cada vez me costaba más respirar y mantenerme despierta, todo me parecía más de lo mismo. Lo último que recuerdo es estar convenciéndome que se terminaron los dibujos en los vidrios empañados, mientras los señores de aire recogían el vapor de mi cuerpo.

lunes, 10 de enero de 2011

Fade into you

Así me lo contaron. Me arrastré al mar, medio vestida, medio desnuda. El olor de la pólvora se masticaba y se impregnaba en los dientes. Lo salado del agua cicatrizaba mis heridas sangrantes. Un camino colorado en la arena delataba mi posición. Me encontraron, medio viva, medio muerta, sonriente, pero medio muerta. Así me lo contaron.