Mi piel reseca y quebrada de a poco se fue desprendiendo. Quedé en la nada, sin nada, sin nadie. Sola. Me quedé sola. Quise escapar y cada vez me encerré más. Se oía a la tierra temblar, y el odio flotaba en esa atmósfera densa y gris que rozaba mi sensible piel. Inestable.
La luz no tardó en volver, logrando encandilarme como nunca antes lo había hecho. Vi sombras, bruma, y nada más. Nada más. No estabas ahí.
De repente, sentí alivio.
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