Una hora de puro miramiento.
Comencé a sentir una capa de escarcha en mi cara, comencé a disfrutar del frío. Todo se convirtió en luz, todo simulaba reflejos. Sabía que estabas viendo, serio, sin pudor, profundo, verde.
Tus ojos verdes.
Cada cristal roto se clava y tuerce, pero sigo sin sentirlo, se tuerce hasta lastimar y sangrar.
Todo vuelve.
1 comentario:
Me gusta. Muy bueno.
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